Compadre, le grité — ¿cómo se llama esto aquí? ¿La mina de Nus está muy lejos?
— Aquí es; yo soy el encargado de la tarabita para el paso, pero tengo orden de no pasar a nadie, porque no se necesitan peones. Lo único que hace falta son aserradores.
No vacilé un momento en replicar:
— Ya lo sabía, y por eso he venido: yo soy aserrador. Eche la oroya para este lado.