
Como Cualquier Otro Día — Sobre el ritual y el calendario que nunca aprendí a leer
Crecí dentro de una tienda de barrio, y una tienda no tiene feriados. Tiene turnos. El calendario que organiza la vida de casi todo el mundo —el largo suspiro del viernes por la tarde, el peso del lunes, la pausa tibia y compartida de un día de fiesta— nunca llegó hasta el otro lado del mostrador. La Nochebuena era un día de mucho movimiento; siempre hay alguien que olvidó algo y necesita un lugar abierto. El fin de año vendía hielo y cigarrillos. Un sábado era un martes con más cerveza. Mis padres jamás preguntaron “¿qué planes tienes para el fin de semana?”, porque no había fin de semana. Solo estaba lo que llamábamos, sin la menor ironía, un día como cualquier otro. …