
La fotografía como anuncio — Ego, miedo y la pared de los retratos
Hace dos días, en La fotografía que desapareció, tracé lo que el smartphone le hizo a la economía de la imagen—la atención diluida, la fotografía convertida en mercancía, el instante decisivo cambiado por el modo ráfaga. Aquel ensayo se mantuvo deliberadamente clínico, y cerró con un pagaré: a riesgo de sonar freudiano, o junguiano, hay una segunda función de la fotografía que no tiene nada que ver con el arte, y prometí volver por ella. Aquí estoy, volviendo por ella. …
