
El precio del fuego — Prometeo, Nietzsche y el costo de crear valores
Hemos convertido a Prometeo en mascota del progreso. El titán que robó el fuego y se lo dio a una humanidad temblorosa hoy presta su nombre a premios, fundaciones, cohetes—a cualquier cosa que quiera sonar audaz. Pero el mito no termina con el regalo. Termina—o se niega a terminar—en la roca. Encadenado a un peñasco del Cáucaso, a Prometeo un águila le arranca el hígado cada día y vuelve a crecerle cada noche, de modo que la herida está siempre fresca y el castigo no acaba nunca. El fuego se dio una vez. El precio se paga para siempre. Leer el mito con honestidad es no apartar los ojos de la roca, no de la llama. …