El Ingeniero Regresa — Sobre Detenerse, Sobrevivir y Volver con los LLM
Algunas ideas tienen el tamaño equivocado para las formas disponibles para contenerlas. Un poema comprime demasiado: uno esboza el plano de una casa que jamás va a construir. Un libro exige el problema opuesto, no oficio sino infraestructura: una editorial, una beca, un año sabático, una pareja capaz de cargar la hipoteca mientras uno discute con el capítulo siete durante dos años. Montaigne resolvió exactamente este problema en el siglo dieciséis inventando una forma para él: el essai, literalmente un “intento”, del tamaño de una idea más grande que una estrofa y más chica que un tratado, publicado sin orden particular, revisado edición tras edición, admitiendo en la página que el autor todavía no había terminado de pensar. Es, sobre el papel, el contenedor perfecto para alguien cuyas ideas no encajan prolijamente en ningún otro lado. …