
La canción justa en el momento justo — Sobre la distancia entre apreciar y sentir
Hay noches en que Plácido Domingo me ha hecho llorar — lágrimas de verdad, de esas que llegan sin invitación en la frase exacta donde la voz se abre y el cuarto entero se inclina. Y hay otras noches, más de las que puedo contar, en que Domingo no podía hacer nada por mí, y lo que me cruzó al otro lado del camino fue un vallenato de Diomedes Díaz, o Pedro Infante cantando un bolero como si la canción fuera un cuarto pequeño con la luz encendida, o “The Long and Winding Road” de los Beatles. Yo me disculpaba por esto. Me disculpé ante gente que esperaba que, a una hora seria, echara mano de algo serio — Mozart, Wagner, Philip Glass — y me sorprendió echando mano, en cambio, de Shakira, de Julio Iglesias, de Juan Gabriel. Ya no me disculpo. No porque mi gusto haya mejorado, sino porque por fin entendí qué confesaba la disculpa. …