La misma mano — Chauvet, un teléfono y lo que no ha cambiado
Primero, la antorcha. Arde madera de pino, humea y nunca está quieta, de modo que la pared tampoco lo está. La cámara se abre en lo hondo de un acantilado calizo sobre la garganta del Ardèche, en el sur de Francia, y la roca se curva y se pliega como un cuero. Sobre ella, al carbón, una manada de leones avanza de izquierda a derecha. Las cabezas se superponen, una detrás de otra, como si el mismo animal hubiera sido sorprendido en varios puntos de un giro. Cerca, un caballo tiene demasiadas patas. Un bisonte tiene ocho. …