El Efecto Mosquito — Por Qué las Pequeñas Molestias se Vuelven Jaulas Invisibles
La luz está apagada y el cuarto casi dormido cuando el zumbido llega al oído izquierdo: delgado, ascendente, desaparecido. Un manotazo en la oscuridad cae sobre tu propia mejilla. Después, quietud, y esa quietud ya no es descanso. Es vigilancia. Diez minutos más tarde estás de pie sobre el colchón, con la lámpara encendida, recorriendo el techo en busca de una mancha del tamaño de una coma, más alerta que en cualquier momento de la jornada. El insecto pesa unos dos miligramos y medio. Acaba de reorganizar la noche de un animal unas treinta millones de veces más pesado. …