Reencuentro con Borges — Sobre encontrar mi propio estilo
Durante la mayor parte de mi vida leí a Jorge Luis Borges como se visita una catedral a la que uno no pertenece: sombrero en mano, admirando la bóveda, consciente de que el edificio no fue construido para uno. Un laberinto para recorrer y describir desde afuera, no una voz para habitar desde adentro. Algo cambió. No sé nombrar la causa — la edad, la distancia de los libros que alguna vez me impresionaron por las razones equivocadas, o simplemente suficiente relectura como para dejar de actuar reverencia y empezar a escuchar de verdad — pero al volver a él ahora lo encuentro sobrio en vez de ornamentado, y sorprendo su cadencia guiando en silencio mis propias frases: la declarativa corta que cierra un párrafo como una puerta que se cierra, el gusto por enunciar lo imposible con la voz más plana disponible. Decirlo en voz alta se siente presuntuoso. A un hombre que construyó una biblioteca sin paredes no se lo imita por accidente, y reclamar su ritmo como influencia invita a la pregunta obvia de qué exactamente creo que estoy haciendo. Lo creo de todos modos. …